"Ansiedad sin saber por qué” (cuando el cuerpo sabe algo que tú aún no has podido ordenar)
Hay una ansiedad especialmente desconcertante.
No viene acompañada de un problema claro.
No hay una discusión reciente.
No ha pasado nada grave.
No tienes un motivo evidente.
Y, sin embargo, ahí está.
Esa inquietud constante.
Esa tensión en el pecho.
Esa sensación de estar en alerta sin saber exactamente de qué.
Y lo más desesperante no es la ansiedad.
Es no poder explicarla.
Porque cuando no sabes el porqué, empiezas a dudar de ti.
“¿Qué me pasa?”
“Si en teoría todo está bien…”
“¿Por qué estoy así sin motivo?”
Pero casi siempre sí hay motivo.
Solo que no es visible.
No es puntual.
No es reciente.
Es acumulado.
Suele pasarle a personas sensibles, responsables, que están muy atentas a lo que ocurre a su alrededor.
Personas que sostienen, organizan, cuidan, prevén, acompañan.
Profesionales y no profesionales que viven con un radar emocional siempre encendido.
Personas que llevan tanto tiempo funcionando hacia fuera… que han dejado de notar lo que ocurre por dentro.
La ansiedad, en estos casos, no aparece por un hecho concreto.
Aparece porque llevas demasiado tiempo en modo adaptación.
Adaptándote a los demás.
A las circunstancias.
A las responsabilidades.
A lo que hay que hacer.
Y tu sistema nervioso, que es muy sabio, empieza a decirte algo que tú aún no has podido poner en palabras:
“así no puedes seguir funcionando mucho más tiempo”.
Pero como no hay un “motivo oficial”, intentas seguir igual.
Te dices que es cansancio.
Que es estrés.
Que se pasará.
Que ya descansarás.
Y la ansiedad sigue.
Porque no está pidiendo descanso.
Está pidiendo reordenación.
Está señalando que algo en tu forma de vivir, de sostener, de responder, ya no está alineado contigo.
Que has estado demasiado tiempo siendo fuerte.
Demasiado tiempo siendo quien resuelve.
Demasiado tiempo estando disponible.
Y muy poco tiempo habitándote.
Por eso esta ansiedad es tan difícil de entender.
Porque no habla de un problema.
Habla de un desajuste interno.
De una vida que, poco a poco, se ha ido organizando más hacia fuera que hacia dentro.
Y llega un momento en que el cuerpo empieza a protestar.
No con palabras.
Con sensaciones.
Nervios.
Inquietud.
Tensión.
Dificultad para relajarte.
Dificultad para disfrutar.
No estás rota/o.
Estás desalineada/o.
Y la ansiedad, en este caso, no es el enemigo.
Es el aviso.
El aviso de que necesitas volver a encontrar tu eje.
Tu espacio.
Tu manera de estar en el mundo sin tener que estar siempre respondiendo a todo.
Porque cuando no sabes por qué estás ansiosa/o, muchas veces la respuesta no está en lo que ha pasado.
Está en cómo llevas demasiado tiempo viviendo.
Añadir comentario
Comentarios