¿QUÉ nos CENTRA?

Publicado el 7 de noviembre de 2026, 9:02

¿Qué NOS CENTRA?, o ¿Cuál ES NUESTRO CENTRO?

Artículo-ensayo de Paco Lerín (Nov.-’26)

Como humanos nos podemos hacer preguntas fundamentales como ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy?

Y cuestionarnos el reto del  templo de Delfos  “Conócete a ti mismo”, ¿Qué es el sí mismo?

Hablamos de lo que es central, esencial o más elevado del hombre. El misterio central que los humanos más reflexivos y menos activos o cazadores siempre se han preguntado, hasta en las cuevas. Un dicho popular reza: “la filosofía es para cuando no hay hambre”. Y Cervantes plantea un ingenioso diálogo: - Metafísico estáis (dice Babieca, el caballo del Cid), - Es que no como (responde Rocinante, el flaco caballo de Don Quijote)

Lao Tse, figura fundamental del taoísmo, en su libro Tao Te King dice “Treinta radios convergen en el centro de una rueda, pero es su vacío lo que la hace útil al carro.”

Este vacío está en el centro y su utilidad es una característica superior al resto de elementos como sus radios o su circularidad.

Incluyamos el concepto de sistema, una de sus definiciones, que nos resulta pertinente aquí es: “Conjunto de elementos interconectados entre sí (a), en conexión dinámica (b), con un propósito en común (c)”.

Algunos sistemas tienen un propósito explícito, como una máquina o una herramienta. En otros, como los sistemas naturales, es más adecuado hablar de funciones, procesos de autorregulación y comportamientos emergentes, sin suponer que exista una finalidad consciente compartida.

En el caso de la rueda los elementos serían los radios y las partes que los conectan. La conexión serían las relaciones entre ellos dentro del concepto “rueda”. El vacío central hace posible la utilidad de la rueda. No es un elemento más, sino una condición funcional del conjunto. Podemos utilizar aquí, de manera metafórica, palabras como inteligencia, propósito o función, aunque no sean equivalentes, para relacionarlo con otros tipos de sistemas, incluso más orgánicos y también con organismos. En este caso inteligencia no sería la intelectualidad.

Para aclarar un poco más la idea de sistema podríamos hablar de sistemas mecánicos, cosas de ingenieros, o de sistemas orgánicos, cosas de médicos y de ecologistas entre otros.

Un ejemplo de sistema mecánico podría ser un mortero, un invento de los ingenieros primigenios. Tiene dos elementos el contenedor y el mazo. Se relacionan poniendo semillas, minerales u otros ingredientes en el contenedor y golpeándolos o frotándolos con el mazo. Su propósito machacar y mezclar. Una inteligencia primigenia simple. Sería similar a la utilidad del vacío central de la rueda de Lao Tse.

Otro ejemplo de sistema mecánico sería un robot de cocina. Tiene también un contenedor y un montón de botones, que nosotros veamos. Pero detrás hay cables, procesadores, memorias informáticas y quién sabe qué más; para nosotros es como una caja negra en la que no sabemos qué le han dicho que haga, ni siquiera sabemos si le han puesto micrófonos y cámaras para que nos espíen. Estos elementos se relacionan poniendo ingredientes en el contenedor, a veces al mismo tiempo y otras en momentos distintos, nos encargan que le demos a los botones adecuados, ¡ah! y que no se nos olvide enchufarlo antes, que somos como somos. El propósito, su utilidad, su función o su inteligencia es preparar, o ayudarnos a preparar, comida.

Otros sistemas orgánicos pueden ser el organismo de una célula viva con sus elementos, sus relaciones dentro de su membrana, y su objetivo vital de mantener sus funciones vitales y contribuir, según el caso, a la reproducción del organismo. Aunque la caja negra que hace todo eso sea más difícil de descifrar.

Antes del siguiente ejemplo podemos ver algo más, este sistema orgánico de la célula, está relacionado, quizás misteriosamente, con otros sistemas, con otras células. Cada célula es un sistema en sí mismo pero se puede relacionar con otros sistemas como un elemento más dentro de un sistema mayor. Y también podemos ver en la célula que algunos de sus elementos son también un sistema con su funcionamiento y su función o utilidad, por ejemplo una mitocondria. Así tenemos el “carácter fractal de los sistemas” en los sistemas, cada sistema es un conjunto con identidad independiente, pero puede ser un elemento de otro conjunto mayor y también puede tener identidades independientes, como elementos dentro de ese mismo sistema.

Otros sistemas orgánicos pueden ser un sistema ecológico donde los diferentes elementos como clima, geología, minerales, plantas y animales interactúan y se condicionan mutuamente, generando equilibrios dinámicos.

En el organismo humano hablamos de homeostasis y, en la psique, podemos hablar de regulación emocional.

Mencionemos aquí el concepto de los “campos mórficos”, concepto propuesto por el biólogo británico Rupert Sheldrake, plantean la existencia de estructuras invisibles de información que organizan e influyen en la forma, el comportamiento y la evolución de los sistemas, desde los organismos vivos hasta los grupos sociales. Según esta hipótesis, cada sistema estaría conectado con una especie de memoria colectiva que acumula patrones y experiencias anteriores, de modo que aquello que se repite puede influir en sus manifestaciones futuras. Esta visión entiende la naturaleza como una red de sistemas interconectados, donde el pasado participa en la organización del presente. La hipótesis no cuenta con respaldo empírico sólido ni con aceptación en la ciencia convencional. Sus mecanismos propuestos no se han demostrado de forma reproducible, por lo que numerosos críticos la consideran pseudocientífica. Su propuesta ha sido retomada como marco interpretativo o fuente de inspiración en algunas terapias alternativas y enfoques sistémicos, aunque esa utilización no demuestra su validez ni su eficacia. Resulta también interesante su relación con el inconsciente colectivo de Carl Jung, ambos exploran la posibilidad de patrones compartidos que trascienden la experiencia individual.

Al margen de que esta hipótesis esté demostrada o no, quizá te hayas preguntado alguna vez: ¿sientes que existe una conexión con tu familia que va más allá de lo que revelan tus análisis de ADN?

Un par de sistemas más podrían ser el organismo humano o un coche. El humano tiene elementos en su conjunto, relacionados entre sí, que no se mezclan con la silla en que se sienta, y tiene un propósito o inteligencia que lo reúne, y es una inteligencia diferente de la que reúne a un árbol de manzanas o a la genética de una gacela. Pero el humano también tiene sistemas que lo componen como el sistema nervioso, el sistema digestivo, el sistema circulatorio, el sistema linfático u otros elementos como la musculatura o la estructura ósea, y también tienen elementos independientes, conexiones independientes y una inteligencia-propósito-función-utilidad independiente, pero dentro del conjunto mayor del sistema orgánico humano.

El ser humano también pertenece a otros sistemas mayores aunque tenga su independencia como su sistema personal, su sistema familiar, su sistema relacional, su sistema social, su sistema laboral, su sistema institucional, su sistema cultural, su sistema colectivo, su sistema de especie, su sistema ecológico, etc.

Pero también tiene algún sistema interno e invisible como su sistema emocional, su sistema de creencias, su sistema de dificultades recurrentes, su sistema de puntos de vista a veces contradictorios, su sistema de conflictos internos, su sistema de talentos y valores, su sistema celular, etc.

Hay un aspecto fractal en este sistema, hacia afuera y hacia adentro. Hacia su relación con otros sistemas mayores como elemento de ellos; y hacia sus elementos internos como los sistemas independientes que son  algunos de sus elementos.

Volvamos a los sistemas y al coche. En el hangar de una fábrica pueden estar todas las piezas de un coche, sus elementos, pero eso no es un coche. Se pueden ir ensamblando poco a poco o por grupos, estableciendo sus conexiones, todavía no es un coche pero se acerca. Y finalmente, en un momento desconocido, ya es un coche aunque falten elementos para incorporar, pero ya puede ser útil como coche, aparece la identidad funcional del conjunto como coche, y se puede seguir tuneando o añadiendo mejoras o cambios. En un accidente puede seguir siendo coche si no es muy grave, o dejar de funcionar como coche si es más grave.

¿Cuándo puede ser viable o útil un coche?, ¿Cuándo tiene ese vacío central que lo hace útil?, ¿Cuándo tiene el espíritu de coche y no de chatarra?

En el hombre puede llegar una enfermedad o la muerte. De la vejez no vamos a hablar. ¿Cuándo comienza a ser viable un feto como persona?, ¿Cuándo aparece ese vacío central que lo hace funcional y le insufla ese aire que anima su materia y le permite llorar y respirar?

La comparación con el coche nos sirve para plantear la pregunta, pero no para resolverla: la identidad funcional de un objeto técnico y el comienzo de la condición personal de un ser humano pertenecen a debates muy diferentes.

Así tenemos los sistemas, que también podríamos considerar organismos, en los campos mórficos de Rupert Sheldrake podríamos hablar de la inteligencia-esquema de la especie para replicarse. En los sistemas orgánicos necesitamos algo que le dé la identidad de “ser lo que es” y eso sería un vacío, una utilidad, un propósito, una función o una inteligencia, la palabra puede ser diferente. Y esto nos regresa al “sí mismo del ser humano” que sería algo central, central y, al mismo tiempo, cercano; que le da sentido a su holos, o totalidad, y que, inquietantemente, podría ser algo “vacío”.

Parece interesante.

¿Qué tenemos central, un poco inconcreto y que no esté muy lejos de las cosas?

A lo largo del artículo presentaremos diferentes palabras de modo analógico. Es decir, pueden parecerse pero no son lo mismo dependiendo del ámbito de aplicación, y la analogía es que cada metáfora puede referirse a conceptos relacionados pero no equivalentes en cada contexto.

En particular puedes encontrar al leer que me refiero a “centro” en un sistema varias veces presentándolo de distintas maneras: a veces como vacío, o como propósito, función, utilidad, inteligencia, esencia, self, o corazón. ¿Demasiado confuso?, parece. Son palabras que vienen de las diferentes metáforas y definiciones que van apareciendo en el discurso. Pero intentaré ayudarte, a ti no, sino a la parte mental que necesita orden.

Cuando las encuentres, las mismas palabras, aunque generalmente serán diferentes, se referirá a diferentes centros o mejor a diferentes aspectos del “centro” de un sistema en general o de un sistema en particular. Me parece que sigue siendo confuso, pero “donde no hay, no se puede sacar”. Sin embargo te dejo un poco de orden posible como pistas para los tipos de centros en un sistema, que puedes encontrar:

  • Centro funcional: aquello que permite que un sistema cumpla su función. (vacío de la rueda, utilidad, función)
  • Centro organizador: aquello que da coherencia e identidad al conjunto. (Propósito, inteligencia sistémica)
  • Centro consciente: aquello desde lo que una persona puede observar, integrar y orientar sus procesos. (energía de self, ser esencial)
  • Centro espiritual: aquello que una tradición considera la conexión con una realidad trascendente o más profunda. (ser esencial, corazón)

Si escuchamos el lenguaje, entre figurado y poético, tenemos “lo esencial” de cada cosa, “el alma” del asunto, “el corazón” de la cuestión, “lo íntimo” que tiene dentro, “el ser” de lo definido, “la caja negra” de su funcionamiento desconocido, “el self” en psicología inglesa, “el Yo” vacío, o falso, para los budistas de forma inherente pero aceptable como yo convencional y condicionado. Disquisiciones filosóficas aparte tenemos: “Ser”, “esencial”, “interior”, “alma”, “corazón”, “self”, “Yo condicionado”.

¿Son lo mismo?,

Podemos considerar tres grandes familias, que no son excluyentes, pero nos orientan:

  • Conceptos que hablan de nuestra naturaleza o identidad. (ser, esencia, interior, alma)
  • Conceptos que hablan de nuestra dimensión psicológica. (self, yo condicionado, yo convencional, caja negra, corazón emotivo, espíritus invisibles)
  • Conceptos que hablan de nuestra dimensión espiritual o trascendente. (espíritu, corazón trascendente con conocimiento, Yo superior)

¡Vamos al lío!

Parece que estos conceptos pueden tener dos caras en general. Pueden referirse a lo individual simple, lo que ocurre en cada persona. Pero también pueden adquirir un carácter más espiritual, ese elemento como una conexión con una cosmología más elevada, incluso en una cosmología atea. Un punto de deriva a considerar es si ese elemento es algo dentro de la dualidad, es decir que esta relacionado con otra cosa; o si es un elemento de fusión en la unidad, y no hay nada más en la experiencia de la totalidad que es algo poco común. Es fácil no discriminar y tenerlos mezclados sin darnos cuenta de cuando hablamos desde un punto de vista y cuando desde otro. Las palabras pueden confundir porque tienen muchas acepciones dentro de ellas y se pueden usar en distintos ámbitos sin cambiar la definición adecuada.

Pongámonos intensos, no sé por dónde empezar y donde pararme en cada caso.

El “ser” digamos que se refiere a “existir”, sin darle muchas vueltas puede ser una palabra comodín que abarca todo y no se mete en nada. Una palabra de consenso y pacificación. Aunque si nos ponemos exegetas, filosóficos, metafísicos y peleones, podemos subir al ring. No hace falta ahora.

“Esencial” de esencia de la cosa podría no tener mucho debate. E “interior” o “intimo” se referiría a la experiencia personal del ser humano, sería un poco “caja negra” misteriosa o desconocida en nosotros pero existente. De hecho en algunos ámbitos se juntan estas palabras genéricas como “Ser esencial” o como “Ser interno”.

Pero vamos a ser un poco tiquismiquis aquí. En los diccionarios castellanos “esencia”, resumiendo, es el principio fundamental de una persona, de algo, de un perfume, de un elemento alquímico.

Y en otros diccionarios filosóficos islámicos se ponen más exquisitos, quizás en los diccionarios teológicos occidentales también. Podemos ver una interpretación dentro  de determinados contextos de metafísica islámica en los que tenemos la palabra Zhat (Dhat) que en principio coincide con el castellano: “Cosa, individuo, ser, sí mismo, esencia de una cosa, significado interno de una cosa, sus cualidades esenciales, su substrato o sustancia, sus cualidades inherentes, etc.”.

Pero añaden “la esencia divina y su acción” que hace que todo salga a la luz de la existencia. Y diferencian dos palabras dentro del mismo concepto: “el Yo divino” que sería el puro poder ser divino, sin ser nada en absoluto;  y “el Sí Mismo divino” que sería la realización divina que tiene lugar con el tiempo y en el mundo, su despliegue en la creación.

Parece una herencia de la metafísica de Aristóteles en que se diferencia potencia y acto, para explicar “el ser” y “el cambio” en las cosas. En este caso diferenciar estas posibilidades en lo divino, en el ser humano e incluso podríamos aventurar que en las relaciones del ser humano con otros elementos de la creación o de su universo.

En la tradición sufi hay algunos dichos clásicos, discutidos, que dicen que la divinidad se encontraba en una “neblina” antes de la creación.  Y la tradición atribuye a la divinidad estas palabras «Yo era un tesoro escondido y quise ser conocido, por eso creé la Creación» (o «Yo era un tesoro oculto y amé ser conocido»).

En la Cábala luriana se dice que Dios estaba en su unidad e hizo una contracción, tzimtzum, dentro de sí mismo dejando un espacio vacío en su interior, como un donut o la rueda de Lao Tse. Más tarde hizo una segunda contracción y comenzó a desplegar una serie de energías, atributos y facultades; y se generó el mundo finalmente. Es mucho más complejo, tanto como la concepción teológica y cosmológica sufi, y por tanto muy diferentes aunque es una explicación de la creación como puede tenerla el cristianismo.

En la personalidad individual esto se refleja, o puede reflejarse, como un “Yo esencial”, que podría ser como una tabula rasa o como un propósito en el nacimiento, depende; y que este aspecto esencial podría ser un vacío inherente, como dicen los budistas, los taoístas u otros; que, desde otras tradiciones, lo pueden llamar una chispa divina, una nonada divina, o una luz interior.

Pero también estaría, en el individuo, el “sí mismo fundamental” que sería la puesta en acción y manifestación de este ser humano desplegando su vitalidad, su personalidad y su instinto de supervivencia; con el peligro de que se confunda lo uno con lo otro, su potencial con su acción; o que la personalidad secundaria tome el lugar de la principal cegando a las personas para no ver la realidad propia y convirtiéndose en algo incorrecto en su acción. Aquí tendríamos al “yo condicionado”, al “yo funcional” o al “ego”, como lo queramos llamar; excediéndose en sus funciones para ocupar un lugar directivo que no le corresponde, pero puede sentarse en el trono. En ese caso sería como si tapara el agujero vacío central de la rueda de Lao Tse, lo ocupa porque no ve a nadie, pero hace inútil la funcionalidad de la rueda, y hace inútil su funcionalidad como ser humano.

Como planteaban los budistas distinguiendo entre el “yo convencional” y el “Yo”, aunque para ellos el Yo inherente esté vacío si le quitas los añadidos, como si al quitar las piezas de un coche te quedases sin coche. Aunque para los budistas no hay una identidad que reúna los elementos, en otras concepciones, según lo interpreto; la paradoja puede estar en que en un sistema se necesitan los elementos con su conexión y su propósito, y si le quitas los elementos desaparece el sistema pero la inteligencia o identidad que reunió los elementos, el vacío que lo hace útil; puede seguir presente si se necesita, y ayudar a generar otro sistema orgánico o replicarlo, como en los genes.

¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Richard Dawkins dice en su libro “El gen egoísta” que la gallina es un constructo del huevo para replicarse y reproducirse. Cosas de los genes.

Entonces ya hemos visto por encima al ser, la existencia, la esencia, el interior, el yo, el sí mismo y hemos hablado un poquito “de lo divino y de lo humano”.

¿Qué podemos decir del alma?, pues que no es un concepto universal ni aceptado por todos, aunque tiene predicamento entre tradiciones religiosas y no religiosas, en general las perspectivas  desde la espiritualidad humana la contemplan. Desde la antropología, algunas de las prácticas funerarias más antiguas se consideran indicios importantes del desarrollo del pensamiento simbólico y de nuevas formas de relación con los muertos. Sin embargo, no permiten establecer por sí solas cuándo surgió una concepción trascendente de la existencia.

Aunque para algunos no sea necesario utilizar la palabra alma, quiero decir que los que la usan pueden estar usando la misma palabra de manera diferente dependiendo de sus referencias culturales y de creencias. ¿Cuándo digo, u oigo, la palabra alma, las dos personas estamos pensando en lo mismo?

Me pararé en una concepción, respetando a todas. A veces la palabra alma se usa como sinónimo de espíritu. De espíritu personal porque luego están los espíritus de los espiritistas y otras corrientes de pensamiento y de estudio experimental. Estos cuasisinónimos, alma y espíritu, se diferencian, en otros contextos filosóficos, en que el espíritu tendría un carácter más masculino, con cierta voluntad individual, con un sentido de verticalidad en la conexión íntima del yo individual con la fuente superior o divina, más relacionado con la aspiración espiritual. Y el alma tendría un carácter, o energía, más femenina, con conexión con lo divino pero también en la acción con su creación, con cierto instinto de protección de la especie y relación con sus congéneres vivos, un sentido más horizontal de conexión con lo creado y una motivación para actuar en cuidarlos y recibir cuidado de vuelta.

De todos modos si solo hablamos del ser, se podría usar alma o espíritu indistintamente para aquellos que se sienten cómodos con estas palabras.

Sin embargo, aunque esta interpretación de espíritu vertical y alma horizontal es muy concreta y particular, nada extendida; sí puede servirnos de conexión con la idea de que un ser humano, nosotros, no somos un meteoroide, roca o escombro, que flota a la deriva por el espacio. Sino que somos un sistema completo con identidad, que a su vez forma parte de otros sistemas como elemento con pertenencia a cada uno de ellos, y con relaciones distintas con los diferentes elementos de esos sistemas. Así tenemos una relación vertical y muchas relaciones horizontales con los sistemas que están a nuestro alrededor.

¿Conoces mi teoría humorística del punto gordiano? Me pregunto cuántas líneas paralelas pueden pasar por un punto. La geometría euclidiana establece que, dado un punto exterior a una recta, por ese punto pasa una única paralela a la recta. Pero mi punto gordiano es más generoso: permite que pasen infinitas líneas paralelas por dentro de él, dependiendo de lo gordo que sea.

Así, por nuestra alma horizontal pueden pasar infinitas relaciones, o mejor muchas para no agobiarnos, o bien una sola; dependiendo de lo amplia que sea nuestra alma.

Hay tradiciones que utilizan también la palabra alma para referirse a otras dimensiones de la identidad, basándose en fuentes diversas: testimonios de experiencias cercanas a la muerte o de separación del cuerpo, hipnosis regresivas, algunas investigaciones clínicas y canalizaciones espirituales. Son ámbitos diferentes y, dado que la identidad se manifiesta de manera distinta en cada uno, quizá resulte confuso utilizar una misma palabra para experiencias que podrían tener naturalezas diferentes.

En las experiencias espontáneas de conciencia y separación del cuerpo surgen preguntas sobre su origen: ¿son experiencias del alma, de otro cuerpo, fantasías o estados de conciencia alterados que todavía necesitamos estudiar? Algo similar sucede con las hipnosis regresivas, donde aparecen recuerdos olvidados, experiencias traumáticas, memorias sensoriales infantiles, supuestos recuerdos intrauterinos o incluso de vidas pasadas y antepasados. ¿Son recuerdos, reconstrucciones, fantasías reparadoras o información a la que normalmente no tenemos acceso? Estas cuestiones invitan a ampliar nuestra comprensión de la mente y la conciencia: ¿está esta contenida en el cerebro o podría trascenderlo? Existen investigaciones de seguimiento a pacientes que intentan estudiar algunos de estos fenómenos con distintos grados de validación.

Otro ámbito es el de las canalizaciones espirituales, donde una persona afirma recibir información que no procede de su propia experiencia, sino de fuentes externas: familiares fallecidos, guías, maestros espirituales, ángeles, seres de la naturaleza o incluso del propio Yo superior. ¿De dónde vienen esos mensajes y qué son? Dejaremos abierto el misterio, «ni mil palabras más».

Son prácticas y tradiciones que no todo el mundo acepta, por lo que conviene acercarse a ellas con cautela, distinguiendo lo que se sabe de lo que se cree. Sin embargo, presentan algunas ideas recurrentes: la personalidad no sería la totalidad de lo que somos; la conciencia podría formar parte de una realidad mayor que el cuerpo; la existencia física tendría un valor experiencial y la libertad un papel central. La personalidad no sería simplemente un obstáculo que superar, sino que mantendría una relación bidireccional con el alma: esta aportaría orientación, continuidad y una perspectiva más amplia, mientras que la persona aportaría algo que el alma necesitaría precisamente de la encarnación: la experiencia concreta. Así, según algunas de estas perspectivas, se describe un proceso de conciencia, encarnación, olvido, experiencia, señales, recuerdo y muerte, que continúa...

Antes de hablar del corazón, que a veces se utiliza como cuasisinónimo de alma, pero que tengo más información que compartir, pasare de nuevo por las palabras “self” y “yo condicionado” para añadir algo más a lo ya dicho.

El concepto “self” o el “yo” en las diferentes corrientes terapéuticas y psicológicas aparece y desaparece en el tiempo. 

En el contexto psicológico tiene el significado de “sí mismo”, “el total psicofísico de la persona”, “el concepto que una persona tiene de sí mismo”.

Freud diferenció entre el yo y el sí-mismo como un precursor de la diferenciación. 

Young-Eisendrath y Hall escriben que "en la obra de Jung, el yo puede referirse a la noción de individualidad subjetiva inherente, la idea de un centro abstracto o principio ordenador central y el relato de un proceso que se desarrolla a lo largo del tiempo". El Self para Carl Jung es la totalidad del ser, representado aquí como el diagrama elemental de un mandala donde el yo sería el punto central y el self la totalidad del diagrama que abarca la mente y el cuerpo con una raíz universal para la especie humana. Jung hablaría del self como una totalidad.

Más adelante, Kohut y su escuela norteamericana y también los ingleses Winnicott, M. Milner y Masud Khan, comienzan a realzar la importancia del Self. A pesar de la dificultad de definirlo, se trataría del núcleo íntimo, el que unifica la personalidad total y, a través de un sentimiento positivo de existir, da vida al Yo soy. Siguiendo a Winnicott, se podría hablar de un falso y un verdadero Self: El falso self normal sería nuestro propio rostro (y cuerpo), configurado por los múltiples acatamientos y acomodaciones al mundo exterior; sería nuestra máscara cotidiana inscrita en la piel, para poder llevar relaciones “civilizadas”, para poder ser aceptado, querido, valorado. Daría protección al verdadero sí-mismo, para ir manifestándose en determinadas circunstancias. El verdadero Self ampara lo que está vivo, el potencial de la vida psíquica creativa, aquello por lo cual existe sin contentarse con sobrevivir, la fuente de lo que se llama espontaneidad. Esto para Winnicott que plantea la relación entre verdadero y falso Self.

Ken Wilber parte de la idea de que cuando pensamos en “yo” hacemos un circulo mental, como una frontera, y nos quedamos dentro dejando fuera lo que no somos nosotros. Pero ese circulo, y frontera, no es estático sino dinámico, según se expanda nuestra conciencia. Aunque sea una pequeña conciencia los terapeutas y los maestros espirituales nos ayudan a expandirla o a descubrir la expansión que hay en nosotros. Wilber habla de la expansión de las fronteras de la identidad.

Antes de expandir nuestra conciencia realmente podemos creer que estamos expandiendo nuestra conciencia cuando, en realidad, quizá estemos evitando mirar algunos conflictos personales. Cuando existen conflictos emocionales importantes, incluso inadvertidos, puede ser conveniente trabajarlos con ayuda terapéutica, antes de atribuirlos a una dificultad espiritual o intentar resolverlos únicamente mediante prácticas espirituales. Ambos caminos pueden ser complementarios. Pero si acudimos únicamente a la comunidad del maestro espiritual podemos caer en un “bypass espiritual”. El bypass espiritual, término acuñado por el psicólogo John Welwood en 1984, describe un mecanismo de defensa mediante el cual una persona utiliza la espiritualidad para evitar afrontar emociones dolorosas, conflictos internos o aspectos de sí misma que le resultan incómodos. Se manifiesta, por ejemplo, al recurrir al pensamiento positivo, al amor incondicional o a conceptos espirituales para eludir el sufrimiento, en lugar de reconocerlo y trabajarlo. También puede llevar a identificarse con una supuesta versión espiritual del yo, rechazando las emociones y necesidades consideradas propias del ego o inferiores. Por ello, cuando existen dificultades emocionales importantes, conviene atenderlas directamente, sin utilizar la espiritualidad para evitarlas. La psicoterapia y las prácticas espirituales pueden complementarse, pero no tienen necesariamente los mismos objetivos ni deben confundirse. No obstante, ambos ámbitos pueden entenderse como complementarios: mientras la psicoterapia ayuda a integrar los conflictos personales, las tradiciones espirituales buscan trascender la identificación con el yo individual y experimentar una conciencia de unidad, más allá de la separación entre el yo y lo demás.

Stanislav Grof, otro investigador de la conciencia y fundador de la Psicología Transpersonal, encontró casuísticas entre sus pacientes que iban más allá, mucho más allá de una conciencia individual o de lo que la historia de la persona concreta podría experimentar si pensamos que los humanos simplemente nacen, crecen y mueren. Se encontró con accesos a contenidos que rompían la idea de self individual con contenidos exclusivamente personales. Estos otros contenidos no individuales aparecen relacionados con los sistemas en los que esta involucrado el ser humano más allá de los individuales. En las tradiciones chamánicas se habla de “mundo ordinario” y “mundo no-ordinario” en este último aparecen estos contenidos de la conciencia accesibles más allá de la persona y que también aparecen en las tradiciones e investigaciones que comentamos al hablar del alma. Marcela Mayol, por ejemplo, nos dice: “El Tantra no habla de ir “más allá del ego”; en verdad no habla de ir a ninguna parte sino de “estar allí”, “estar ahora”, “ver lo que es”. Esto es algo diferente a ir más allá del dualismo sujeto-objeto, porque en esta cosmovisión también la forma es Vacío y el Vacío es forma. El Yo no termina en la piel, la energía del Universo no tiene fronteras”. Un practicante de Tantra describió una experiencia: “Fue un instante de mucha felicidad, sentí la variedad inmensa de cosas que existen no aisladas sino juntas. Somos juntos. Somos danza continua de una sola Energía que penetra todo lo que vive. Como si rompiera un velo, pude ver la secreta interdependencia de todos los patrones del Cosmos”. Ken Wilber, ya citado, tituló a su primer libro, a sus 23 años, “la Conciencia sin fronteras”. Grof, los chamanes y el Tantra de Mayol nos hablan de experiencias de conciencia que superan la biografía individual. Aunque proceden de marcos muy distintos y no explican estos fenómenos del mismo modo, todos permiten plantear preguntas sobre los límites de la identidad individual.

En el camino de la expansión de la conciencia nos encontramos con otros caminos y tradiciones espirituales como la hindú, y en una de las clasificaciones de una escuela del yoga nos hablan de niveles de conciencia, de abajo arriba, como: 1. el más bajo inconsciente, 2. el ego o superficie de la conciencia, 3. el ser esencial, 4. Y el más alto self o alma divina. Esta y otras tradiciones nos animan a llegar a lo más alto pero pasan por lugares más bajos de conciencia donde se tiene que hacer sólida nuestra experiencia consciente para ir ascendiendo. Por ejemplo en el yoga hay aprendizaje de posturas corporales, respiración y regulación psico-física, en esa área su actividad es semejante y complementaria con otras terapias y prácticas psicológicas, de las que solo se separan en niveles mucho más elevados

El punto de vista de otra tradición espiritual, el sufismo, es que las cualidades humanas dependen de la “consciencia desarrollada” por cada persona. Y esto da diferentes tipos de hombres y mujeres según su nivel de comprensión espiritual. Se suelen resumir en siete niveles de comprensión dentro de tres clases de personas. Sería como una jerarquía de capacidad de acceso al mundo interno, lo cual también ocurre en la terapia IFS y otras, aunque  según esta tradición el desarrollo de la consciencia lo que busca es el acceso a realidades espirituales.

Los Sistemas de Familia Interna (IFS) son un modelo de psicoterapia desarrollado por Richard Schwartz a partir de los años ochenta, que en la actualidad ha alcanzado una notable difusión. Aporta que dentro de cada uno de nosotros, de manera individual, existe un sistema similar al de una familia humana, con diferentes “partes” y funciones, con diferentes necesidades, miedos y formas de protegernos.

La aportación característica de IFS es distinguir entre las distintas partes internas y el Self, que no se considera una parte más, sino una capacidad o centro desde el que la persona puede relacionarse con ellas con curiosidad, compasión y claridad.

En IFS, el Self no se considera una parte más de la personalidad, sino una capacidad o posición interna desde la que podemos relacionarnos con nuestras partes con curiosidad, compasión, claridad y confianza. No es algo que aparezca necesariamente de forma absoluta: podemos acceder a él en mayor o menor medida, según el protagonismo que tengan nuestras partes internas. Por eso se habla a veces de la energía de Self. Utilizaré ambas expresiones, aunque Self es más breve.

La energía de Self es lo que hace único a IFS en comparación con otros modelos de psicoterapia (aunque algunos destacan al Focusing de Eugene Gendlin con alguna semejanza). Cuando hablo de energía de Self me refiero a una manera práctica de describir la presencia y disponibilidad de esas cualidades, no a una energía física o independiente.

Schwartz, su fundador, describe el Self como la esencia de quienes somos en nuestra forma más pura y sin la interferencia de nuestras partes más heridas o defensivas. Pero evitemos la tentación de considerar que IFS afirma necesariamente una naturaleza divina del self. Se trata de un modelo terapéutico y el equilibrio personal puede dirigirse a ponerse a disposición de mejoras relacionales, sociales, comunitarias o ecológicas, pero dejemos a la divinidad en los caminos espirituales aunque siempre estaremos nosotros conectados con la naturaleza. Verticalidad en lo espiritual y horizontalidad en la psicoterapia. Recordemos lo que comentábamos entre espíritu y alma como metáfora como esquema orientativo de este artículo.

El centro nos permite estar conectados con nuestra profundidad y, al mismo tiempo, con los demás. La conexión interior no debería alejarnos de la vida compartida, sino ayudarnos a participar en ella de una manera más consciente.

Nuestra avidez de elevación nos tentará siempre a intentar una interpretación espiritual de un modelo terapéutico. Pero cada cosa en su sitio: las dificultades emocionales que requieren atención psicológica no deberían sustituirse por explicaciones o prácticas espirituales. Ni confundir dolores emocionales con vacíos existenciales.

Desde mi interpretación personal, la experiencia de Self puede recordar a lo que algunas tradiciones espirituales llaman ser esencial. Pero esta es una analogía que propongo, no una afirmación propia del modelo IFS. La percibo como una capacidad benigna, amorosa y siempre disponible, cuyo acceso puede quedar limitado por el protagonismo de las partes protectoras. El objetivo del trabajo terapéutico es facilitar que esa capacidad pueda relacionarse con las partes y acompañarlas en sus procesos de sanación.

Usando una analogía podemos decir que esto no quita que no debemos confundir nuestro lugar central más importante, nuestro hueco vacío dentro de la rueda de Lao Tse; con el hueco vacío alrededor del cual gira todo el Universo, o todos los Universos, quién sabe. Si nos queremos poner metafísicos, como Rocinante, tengamos en cuenta que no es lo mismo el “Dios trascendente” (por encima y más allá del universo) que el “Dios inmanente” (presente y activo dentro de su creación). Para ser inclusivo con más creencias digamos “Cosmos trascendente” y “Cosmos inmanente”, nosotros seríamos un cosmos inmanente, como sistema orgánico, que se relaciona con otros cosmos, o seres a su alrededor, que a veces podemos considerar “cósmicos”.

Parece que tenemos tendencia a la grandilocuencia y la sustitución: el ego quiere ser considerado como Dios, el dolor quiere bienestar con bypass espiritual, en los cuentos suele aparecer un falso héroe. Y nos queda hablar de las partes parecidas al Self (Self-like parts). Son partes que pueden presentarse con actitudes de amorosidad, colaboración y ayuda, pero que siguen funcionando desde una estrategia protectora. Aunque parezcan actuar desde el Self, no tienen la misma capacidad de relacionarse con las demás partes desde una presencia abierta y no defensiva. No son el Self y no pueden ejercer del mismo modo esa función sanadora del self de presencia y acompañamiento: son partes que también necesitan ser reconocidas y comprendidas. Suelen ser partes gerentes que están ocupadas en organizar nuestra vida de modo adaptado y socialmente aceptable, pero solo protegen dolores y heridas internas que todavía necesitan sanarse. Si visionáramos una película, podríamos decir que en esta parte del guión los personajes se comportan como unos impostores del Self.

Aunque en IFS el “self” se considera una capacidad concreta de la persona, podemos describir su presencia como una forma de energía psicológica: una posición desde la que observar las partes y relacionarse, ayudando a sanarlas, desde la curiosidad, la compasión y la claridad. Ha de tener un espacio en la conciencia necesario para tener esa mirada, y ese espacio en la conciencia pueden estarlo ocupando otras partes. Cuando se apartan, la mirada del self puede actuar. Esta competencia por el atril del orador nos recuerda a unos políticos internos. Podríamos decir que es imposible estar 100% en el self, en la mirada del self; a veces hay más y a veces hay menos “mirada de self”. Aun así se toma como un yo individual que mira a sus partes (inmanente), no como un self de mirada universal y periférica (no trascendente). Hay una frase que dice “Cuando el alma es rechazada, se retira”

Repasemos algunas ideas más, que abundan y matizan la idea del self y su energía. ¿Será partícula o será onda?

Lo que el físico Michael Newton llama «alma encarnada» puede entenderse como el Self en IFS. Newton también habla del “ser superior” que se corresponde, desde mi punto de vista, con una perspectiva ampliada del Self, que mantiene su conexión con el plano espiritual; mientras que el Self, como alma encarnada, interactúa directamente con las partes, el ser Superior mantiene la dirección general y el propósito como una guía para la fracción encarnada.

Para IFS las dos funciones las puede encarnar el Self, en parte, aunque en momentos diferentes de la ampliación de la conciencia o del desarrollo de la terapia. Esta ampliación tiene el límite de pasar de los contenidos de lo  individual a lo relacional desplegando las capacidades propias en el mundo de modo equilibrado y valiente. Sin aspirar a la experiencia de unidad de los caminos espirituales,

Porque desde el punto de vista de algunas perspectivas espirituales la psicoterapia se mantiene en una dualidad mientras exista un observador y lo sanado. Diferente del nivel de expansión de la conciencia en que no existe ninguna diferencia entre los objetos y todo es uno, o se experimenta la nada total, alcanzable a través de prácticas espirituales; que necesitan la base previa que ofrece la psicoterapia de despejar los obstáculos internos emocionales y cognitivos, para dejar una base en que la espiritualidad más elevada puede instalarse y construirse sólidamente.

La Dra. Jill Bolte Taylor, neuroanatomista e intelectual. Dice: “Estoy convencida de que cuanto más tiempo dediquemos a elegir el funcionamiento de los circuitos de profunda paz interior de nuestro hemisferio derecho, más paz proyectaremos en el mundo y más pacífico será nuestro planeta, y pensé que era una idea que merecía la pena difundir”.

Según IFS, el Self está siempre completo y dispone de todas sus capacidades. Lo que varía es nuestro acceso a él, porque algunas partes pueden ocupar el primer plano de la conciencia o mezclarse con esa posición. El sol está completo, aunque las nubes o la noche nos impidan verlo. En IFS, el Self puede relacionarse con las partes internas sin quedar identificado con ellas.

Algunos autores, chamanes y formadores de IFS proponen utilizar la imaginación mediante meditaciones guiadas que nos llevan desde la autoconciencia (reconocer nuestros propios procesos) hasta la metacognición (observar y reflexionar deliberadamente sobre cómo pensamos). Podemos adoptar distintas posiciones para observarnos, como ocurre incluso en los sueños, donde podemos vernos en primera o tercera persona. El Self actúa como observador de nuestras partes internas, pero algunas meditaciones plantean ir más allá: imaginar que el Self también puede observarse a sí mismo, e incluso contemplar a otros Self que lo observan. Sería como una grada de espectadores en un partido de baloncesto, donde unos observadores contemplan el juego entre el Self y sus partes. Algunas prácticas de observación permiten desarrollar autoconciencia y metacognición. Algunas propuestas meditativas imaginan posiciones de observación sucesivas, incluso una observación del propio observador.

Estas partes se desarrollan en respuesta a nuestras necesidades fisiológicas, de seguridad, aceptación, autoestima y autorrealización, tanto en el ámbito personal como en el transpersonal y la conciencia de unidad. El Self, situado más allá de las partes, observa, respeta y actúa sin forzar. Desde esta posición, puede favorecer la integración y superar los conflictos internos entre persona y sombra, ego y cuerpo, organismo y entorno, y otros niveles de nuestra experiencia. Integrar las partes de la personalidad no es lo mismo que trascender la separación entre sujeto y objeto.

Observando a los sistemas, u organismos, los más materiales y los más sutiles, y unos incluidos en otros a veces; desde mi propia interpretación, y ampliando la idea más allá del modelo IFS, propongo considerar el Self  como una tercera posición consciente en determinados sistemas: la del observador que permite reconocer los elementos, relacionarlos y percibirlos como parte de una totalidad. Podríamos imaginar esta tercera posición como una especie de membrana con autoconciencia y metacognición: permite diferenciar los elementos del sistema, observar sus relaciones y reconocerlos como integrantes de una totalidad. Desde esa posición, el sistema puede adquirir una identidad diferenciada y relacionarse con otros sistemas mayores. Por ejemplo familia o comunidad, y relacionarse con los otros elementos de ese sistema mayor de igual a igual, con sus conflictos y negociaciones.

Con los sistemas de la persona nos referimos a entornos en los que interrelaciona la persona como pareja, familia, trabajo, amistades, ocio, o trabajo en el mundo ordinario. Y en los sistemas del mundo no-ordinario con otros ámbitos de energías, sistemas, percepciones y comprensiones más sutiles. Esto lo propone la sistémica en los ámbitos sistémicos en que se mueve la persona. Y otras tradiciones, principalmente la chamánica, en ámbitos no-ordinarios o invisibles, donde distintas energías nos ayudan o nos dificultan la vida. Independientemente de la personal actividad de la energía emocional y mental, que estaría en el ámbito ordinario.

Incluso en el mundo ordinario, como identidad propia que varía, algunos perciben que en cada uno de sus entornos ellos son diferentes, tienen un concepto de yo, self, diferente; como el médico, el padre, el gracioso, el hermano, el cuñado, el taxista que lleva y trae a la familia, etc.

Desde mi mirada, el Self sería una nube de consciencia flotando entre el alma y el espíritu, sin zona fija, dando sombra aliviadora en algún lugar y lloviendo, como agua nutritiva, en otros; posiblemente al mismo tiempo o quizás sucesivamente.

Otra imagen, prestada del budismo es que el self sería el cielo o el sol, y que algunas nubes de nuestros problemas o bloqueos interfieren en nuestra conciencia ordinaria y nos impiden verlo, pero aunque no lo veamos sigue estando ahí detrás permanentemente, aunque nos falte despejar las nubes con ayuda, sin ella, o con paciencia.

Hablemos finalmente del “corazón” antes de finalizar el artículo. Vamos a “cambiar de tercio” pasando de lo más psicológico a una dimensión de la psique algo más trascendente. De la mano de Ibn Arabí, pensador y maestro sufí andalusí, nacido en Murcia en el siglo XII.

En el idioma castellano, la palabra "corazón" es el núcleo de numerosos modismos y frases hechas que simbolizan la sede de las emociones, la autenticidad y la moralidad. Su uso va más allá del órgano anatómico y se sintetiza principalmente en cuatro dimensiones:

  • Sinceridad y afecto: Expresiones como hablar con el corazón en la mano, es de corazón o llevar en el corazón denotan honestidad absoluta, vulnerabilidad y cariño genuino.
  • Calidad moral: Define la naturaleza de las personas; alguien sumamente bondadoso es todo corazón, mientras que una persona insensible es de corazón de piedra.
  • Intensidad emocional: Refleja estados de ánimo extremos, como la angustia (con el corazón en un puño), el impacto repentino (dar un vuelco el corazón) o el dolor profundo (romperse el corazón).
  • Voluntad y resiliencia: Frases como poner el corazón en algo implican pasión y entrega, mientras que hacer de tripas corazón significa sacar valor ante la adversidad.

Así casi todas las expresiones tienen que ver con los afectos, incluso en la comunicación es mostrar los sentimientos, la sinceridad y las buenas intenciones.

Esta vinculación sentimental del uso de la palabra corazón en el lenguaje cotidiano desvía la comprensión del uso técnico de esta misma palabra en los círculos espirituales sufis. Y dentro de ellos se usa esa palabra como algo importante, y creyendo que se habla de lo mismo, pero sin comprender que es diferente hablar de los importantes sentimientos positivos que hablar de término técnico sufi “corazón”.

Indicaremos ahora algunas conclusiones de expertos arabistas, como Pablo Beneito, encontradas en algunas conferencias públicas.

 ¿Qué características tiene el corazón? En la enseñanza del sufi Ibn Arabí, el corazón (al-qalb) no se limita al órgano físico, sino que es una dimensión espiritual central, se podría relacionar con el self pero sería injusto ya que el corazón sufí no es simplemente una versión espiritual del Self psicológico; pertenece a otra antropología y a otra cosmología. En el sufismo al corazón lo encontramos con características fundamentales:

  • Lugar de confluencia: Es el punto donde se unen lo espiritual (inteligible) y lo sensible (corpóreo), habitando el "mundo imaginal".
  • Capacidad cognitiva: Es el verdadero conocedor que, a través de la sabiduría del corazón, puede acceder a lo que la razón limitada no alcanza a comprender.
  • Fluctuación y transformación: El término qalb implica una naturaleza que cambia, se invierte y es incesantemente dinámica.
  • Perspectivismo: Posee una ductilidad que le permite desplazarse entre diversas modalidades de la conciencia, ya sea como sujeto, objeto o lugar vacío de manifestación.
  • Naturaleza de espejo: Actúa como un espejo vacío y nítido capaz de recibir y reflejar la irradiación (teofanía) de la realidad divina.
  • Lenguaje poético: Su lenguaje natural es la poesía, que le permite unir contrarios y asumir la totalidad de las formas sin censurarlas.

¿Cómo se relaciona el corazón con el misterio? En determinadas lecturas de la obra de Ibn Arabí, la relación entre el corazón y el misterio es profunda y fundamental:

  • El corazón como custodio y conocedor: El corazón actúa como el compañero del misterio (sahib al-gaib). Es la única dimensión humana capaz de conocer el misterio directamente, no a través de la razón limitada, sino a través de la experiencia unitiva.
  • La perplejidad como respuesta: Al acercarse al misterio, el corazón experimenta una perplejidad radical. Esta no es una falta de conocimiento, sino la forma más elevada de sabiduría, donde la razón queda desbordada y el ser se abre a la realidad esencial de lo absoluto.
  • El corazón como velo y revelación: Existe una paradoja donde el ser humano, a través de su corazón, es al mismo tiempo el velo del misterio y el lugar donde este se revela. El corazón es como una pantalla o espejo que, al estar libre de pretensiones o identificaciones con causas externas, permite la irradiación de la realidad divina.
  • Unión de contrarios: El corazón habita el "mundo imaginal", un espacio donde lo inteligible y lo sensible convergen, permitiendo que el misterio, que es uno e incognoscible, pueda ser experimentado en la multiplicidad de la existencia.

¿Hay estados dentro del corazón? (los centros sutiles lataif, son un lugar energético sufi diferente de los chakras hindúes más conocidos) Si consideramos el papel mediador del latifa  del corazón en el microcosmos, tal y como es mediador el Trono divino en el macrocosmos, podemos considerar que hay un corazón dentro de otro corazón dentro de otro corazón, como etapas a alcanzar en el camino del buscador. Y en el texto “Las Estaciones del Corazón” de al-Hakim al-Tirmidi, podemos resumir este mapa simbólico de desarrollo interior dentro de esta tradición:

Sub centro Descripción Metáfora del hogar
Sadr: pecho. Espacio de pensamientos, deseos, pasiones y distracciones. Patio del hogar, se acumula leña y basura.
Qalb: corazón. Luz de la fe, el amor, la paciencia, la esperanza y el conocimiento. (Corazón propiamente dicho) La casa en el hogar, su interior
Fuad: corazón interior. Asiento de la gnosis, la visión y el conocimiento interior. El armario o la despensa en la casa
Lubb: Núcleo o intelecto universal. Luz de la unificación y de la comprensión más profunda. Núcleo o esencia de la casa

¿El corazón es un espejo o varios? En la enseñanza de Ibn Arabí, a veces se describe al corazón con la capacidad de ser un espejo de otra realidad, ante el que la personalidad coloca velos que dificultan su mirada, y otras veces describe al corazón como un espejo de seis caras, cada una de las cuales refleja la correspondiente presencia divina. Cada una de esas seis facetas requiere un tipo específico de pulido.

Desde determinadas interpretaciones sufíes, podemos encontrar puntos de contacto entre esta dimensión del corazón y lo que hemos llamado ser esencial, aunque no sean conceptos equivalentes.

Cuando más arriba hablamos de esencia, mencionamos el concepto árabe Zhat (o Dhat). Este ser esencial o ser interno Zhat es diferente del ego y de la personalidad superficial que son condicionadas, como las partes en IFS. Así que el ser esencial sería algo no condicionado. El ser esencial estaría en sintonía con una realidad superior al individuo. El ser esencial es existencialmente real y se reconoce por sus efectos.

Desde este enfoque terapéutico, se interpreta que el contacto con el ser esencial puede favorecer una mayor serenidad, vitalidad y regulación interna. Son efectos descritos en la experiencia de esta práctica, y no conviene presentarlos como un mecanismo demostrado de forma general.

Y en terapia de enfoque sufi, se interpreta que este ser esencial del cliente, al recibir energía armónica de la consulta, y la técnica del terapeuta; despierta su voluntad de vivir y favorece los procesos naturales de autorregulación y sanación.

Así es que, desde la terapia en el enfoque sufi, conectar con este ser esencial es necesario, actuando de canal como terapeuta para acompañar al cliente en el acceso a esa energía específica que le permite conectar y armonizar todos los elementos desajustados o la desregulación en su sistema, por los cuales él pide consulta o pide ayuda y particularmente se despierta la voluntad de vivir y la vitalidad positiva.

En el modelo IFS el terapeuta, con su entrenamiento, detecta si aparece algo de la energía de self del cliente o no aparece, y lo acompaña hasta que se despejan las nubes y brilla algún rayo de sol.

Finalicemos el artículo observando que comenzamos nuestra vida con una “tabula rasa” en la conciencia, o quizás con una misión olvidada. En la infancia y adolescencia vamos asumiendo una serie de condicionamientos que llamamos ego generando la idea de identidad con un yo único, que podría estar compuesto de diferentes voces, o partes, aparecidas con diferentes condicionamientos.

Sin embargo, podemos ir ampliando nuestra conciencia y descubrir que somos algo más que nuestros condicionamientos y que los distintos yoes que adoptamos en la vida cotidiana. Podemos reconocer una dimensión más profunda, que distintas perspectivas llaman Self, ser esencial, corazón o Yo superior, cada una desde su propio marco de comprensión.

Así, el corazón en la perspectiva sufí, el Yo superior en otras tradiciones espirituales y el Self en el modelo terapéutico IFS nos ofrecen distintas maneras de explorar las preguntas que plantea este artículo: ¿Qué NOS CENTRA?, o ¿Cuál ES NUESTRO CENTRO?

Pero después del camino recorrido creo que podemos hacernos una pregunta más: ¿CÓMO CAMBIA MI MANERA DE ESTAR CON LOS DEMÁS CUANDO ESTOY CONECTADO CON MI CENTRO?

Como dice un cuento sufi en su final “El que prueba, sabe”. ¿Qué tal si descubrimos nuestras capacidades más íntimas y menos utilizadas, las ponemos en juego con una autoestima confiada; y las ofrecemos a la comunidad? Quizás podamos sumergirlas en el caldero de agua caliente de la comunidad que nos rodea y convertirlas en ingredientes de una sopa comunitaria que alimente nuestro cosmos más cercano y relacional.

Superemos nuestra vergüenza en nuestro accionar y apliquemos algunas cualidades como la compasión o la valentía (dos de las ocho cualidades del self en IFS).

Hay un dicho en castellano que reza: “El que tiene vergüenza, ni come ni almuerza”.

Así es que, querido lector, lectora, lectores todos: “¡DESPARPÁJATE! ¡Suéltate el pelo!” (si tienes más que yo, y puedes)

 

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